SEÑORES GOBERNANTES, OPOSICIÓN, SINDICATOS Y EMPRESARIOS: ¡NO SEAN INDECENTES!

(El titular también puede traducirse por ¡NO QUIERO SER COMO USTEDES!)

¡Je je je, un purito, a la salud de los impuestos!
Con toda la corrupción política que ustedes demuestran empeñadamente que son capaces de alcanzar -y nosotros de soportar-, escapando con frecuencia de aquella otra putrefacción por falta de pruebas, porque ha prescrito, porque la han tramado bien o porque no da tiempo a juzgarse fruto de sus excelentes bufetes defensores o porque se mueren ustedes antes, somos muchos los españoles que estamos ya hasta más allá de las gónadas masculinas (por no decir “de los huevos”) de aguantarles. Lo que estamos padeciendo, por su culpa, es grave e insoportable, es asqueroso y repugnante, es indigno e injusto. El colmo, lo que como víctimas de sus fechorías nos faltaba aguantar, es escucharles afirmar repetidamente un par de frases que parecen franquiciadas para cualquier formación política o social, que han alcanzado la normalización oficial, y que ustedes articulan de coartada -sin ruborizarse- en los medios de comunicación, para tratar de justificar el extremo latrocinio perpetrado continuadamente desde hace muchos años:

“Es que los casos de corrupción son tan solo una pequeña parte, un mínimo porcentaje, del total nacional de mujeres y hombres que se dedican a la política”, cuando no pronuncian esa otra grandiosa retorsión argumental delos políticos somos el reflejo de la sociedad”.

¡Y una mierda!

No me imagino ningún colectivo de nuestra sociedad, por ejemplo, jueces, fiscales, cirujanos, pilotos, militares, bomberos, investigadores, profesores, arquitectos, panaderos, taxistas, abogados o amas de casa, en el que se contaran los casos de corrupción por miles a lo largo de todo el territorio nacional. Los que gestionan el dinero de los demás, los ejemplares ciudadanos movidos por la honrosa vocación del servicio público y que tienen en sus manos la salud de la población, su bienestar, su educación y el futuro de un país, ni deben ni pueden delinquir. ¡Que no, que eso no está bien, señores chorizos!

¡Qué espabilado que soy, ji ji ji!
Si la población civil, en cada una de sus actividades profesionales, mantuviera esta barbaridad porcentual de gentuza, ladrones, sinvergüenzas, abusadores, extorsionadores, corruptos, delincuentes y estafadores en la proporción en la que cuenta el sector del poder político, sindical, bancario o empresarial en España, estábamos ya todos muertos. No nos vuelvan a comparar con ustedes. Ustedes no reflejan ni son consecuencia de los millones de mujeres y hombres trabajadores –y en paro-, honestos, decentes, dignos y honorables que conforman la sociedad española. Dejen ya de minimizar y restar importancia a lo que más daño nos está haciendo a los españoles: su poca vergüenza, el despilfarro, sus cuentas bancarias millonarias en paraísos fiscales, sus garajes llenos de coches deportivos, sus tarjetas bancarias libres de control, sus casas unifamiliares de tres pisos, su impunidad pagada, sus incomprensibles indultos, sus yates y sus amantes, sus mariscadas y sus hoteles, sus saunas y sus joyas, pagado todo ello con el dinero de nuestros impuestos.

Cientos de miles de autónomos y empresarios, millones de desempleados, no dormimos por la noche porque debemos los seguros sociales o los impuestos a Hacienda, porque no podemos pagar a los proveedores o porque no nos llega el dinero para el alquiler o la hipoteca. ¡No sean golfos, hombre! ¡Tengan vergüenza! ¡Activen los controles necesarios! ¡Acaben ya con esto!

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