“TE VIVO MUCHO MÁS DE LO QUE TE AMO”

Dicen que “o hay amor, o no lo hay”, estableciendo un límite a la felicidad plena. Incluso, los más reputados opinadores y expertos publican decálogos para que, tras su lectura, conozcamos –por fin- a qué grupo pertenecemos: “Enamorados / No enamorados”. Y así, de sopetón, es como me he enterado que ya no hay amor en mi vida sentimental. ¡Me cachis...!

En un beso, sabrás todo lo que he callado (Pablo Neruda)
Y mira que sé cómo ser, y qué cualidades activar, para que mi pareja me ponga un “10” como el perfecto “partenaire”: bondadoso, aseado, elegante, hechizante, abnegado, trabajador, atractivo, varonil, dinámico, talentoso, emprendedor, esforzado, compinche, solidario, voluntario, dispuesto, sexual, sensual, erótico, una chispita porno, excitante, aventurero, culto, delicado, caballeroso, deportista, positivo, equilibrado, tierno, comprensivo, romántico, detallista, familiar, desprendido, sorpresivo, valiente, fuerte, amigo, amante, inteligente, guapo, destacado, seductor y obediente. ¿Esto existe?, ¿alguno de ustedes reúne todas estas características personales?, ¿se puede conjugar todo eso sin ser una máquina? Yo, no. Ni soy digital ni fruto de una tecnología perfecta, aunque parece que algunos sí lo son. No categorizaré a una pareja en el grupo de “está, o no, dentro del amor”. Y no lo haré porque hay estadios de felicidad compartida tan sublimes, o más aún, que los propios que se viven en la plenitud del amor más puro.

"Soy imperfecto y tengo muchas deficiencias, sencillamente".

Soy uno de esos que después de treinta felices años junto a la misma persona con la que comparte su proyecto vital, carece de muchísimas de las maravillosas y envidiables actitudes detalladas anteriormente, incluyendo también la sexual, la sensual, la erótica y hasta la de la chispita de porno. Uno más que apenas raspa el aprobado, aunque sí que puedo poner en valor principios humanos que dejan el amor en el justo lugar en el que debe estar, en su espacio temporal concreto, pero sin mermar ni ensombrecer la calidad, la suma felicidad y la trayectoria vital de una gran relación entre dos personas.

Amar no es solo querer, es sobre todo comprender
(Françoise Sagan)
También soy consciente de que no poseo las cualidades necesarias para obtener un sobresaliente como hombre-pareja. Quizá, en los primeros años de mi relación y juventud sí cumplía algunas más pero, hoy día, ya no. Y, además, sé que voy a peor. Aunque, afortunadamente, el sistema troncal de cualquier relación humana establece otras convalidaciones de sentimientos entre los emparejados muy válidas, que evolucionan paulatinamente y que sí que se mantienen activadas, contrastadas e interconectadas en pareja: respeto, agradecimiento, sufrimiento, conocimiento, experiencia, gratitud, colaboración, connivencia, intuición, lealtad, apoyo, alegrías, penas, honestidad, honradez, cooperación, acompañamiento, roces, juegos, bromas, guiños, confianza, hijos, familia, amistades, recuerdos, proyectos, caricias, besos, pellizcos, arrumacos, tonterías, cabreos, perdones, emociones, majaderías, halagos, secretos y miles de chispazos de vida. Este grupo de características, sí que lo comparto.

Si a todo esto alguien no lo quiere llamar amor, pues muy bien, pues no será amor, pero llena mi vida más de lo que jamás hubiera aspirado a alcanzar. ¡Ah!, y a los que lo llaman “amor de hermanos o de amigos”, les quiero informar que, de momento, con mis hermanos y mis amigos no me acuesto, ni me desnudo, ni convivo a diario, ni me han dado hijos, ni conocen todos mis secretos, ni saben lo que me gusta y lo que no, ni... tantas cosas que solo, en pareja, puede conocerse y vivirse. ¡Qué manía con dividir las actitudes humanas en grupos estancos, en segmentos excluyentes, en “todo paja o todo grano”! Pues no. Hay más que esas dos opciones absolutistas.
Solo un exceso es recomendable en el mundo,
el exceso de gratitud (Jean de la Bruyére)

“Te amo, ya no lo diré más, lo prometo".

Así, no incurriré en apropiación indebida de terminología solo autorizada a pronunciar y a exhibir si eres, por ejemplo, un potente “cupido” sexual del amor y un facilitador inagotable de orgasmos quejumbrosos. Pero, a cambio, permítanme decirles alguna nueva expresión que sí voy a empezar a usar y que sí incluye lo que, en pareja, disfrutamos: “Te vivo”, “Te vivo mucho”, “Te vivo más que a mi vida”, “Te vivo con mi cuerpo y con mi corazón”, “Quiero que me vivas siempre”, “Cariño..., víveme”.

Comentarios

  1. GRANDE, D. MANUEL…MUY GRANDE!!.- FUERA LAS ETIQUETAS Y QUE VIVA LA NORMALIDAD; PAR PODER VIVIR, Y QUE NOS VIVAN.
    ABIMAEL

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