ALMERÍA, 500 PALABRAS, 1000 LÁGRIMAS

ALMA ROMANA, CUERPO ÁRABE, PIEL ANDALUSÍ, REFLEJO MEDITERRÁNEO, ALEGRE FANDANGUERA, SUFRIDA Y MINERA, INDÁLICA Y RUPESTRE, CALIZA Y SERRANA, ÁRIDA Y PLAYERA.

Te lo aviso, si vas... te enamorará, y querrás volver a sentirla, vivirla. Amanece en Almería y te quedas perplejo de su luz limpia y fresca, brillante y envolvente, vendaval de aromas y sensaciones.

LA ALCAZABA (ALMERÍA)
Nace el día, sus calles perfuman cada rincón para sorprenderte y atraparte con sus aromas. Huele a churros y a porras recién hechos, a pan de leña con sabroso jamón serrano y tomate, a tostadas con aceite de oliva y ajo, a bollería artesanal, a esencia de café y chocolate. Sus paseos, sus calles y sus plazas te llaman diciéndote “ven, písame, siénteme, camina sobre mí, disfrútame”.

La Puerta Purchena se abre gigante y te invita a penetrar en las entrañas almerienses, para que navegues entre tiendas, bares, mercados y buenas gentes; para que te vistas blanquiverde, para que te cubras de palmeras y de sol, de sombras y guitarras, de toros y de feria, de arte y de amor. Almería sabe a cañas y a tapas, a sepia a la plancha, a bravas y vino, a sardinas y chanquete, a migas con chorizo, a conejo con tomate y a humeante caldero de arroz.

En Almería no te irás hasta que su bahía bañe tu alma, sus vientos doren tu cara y sus aguas salen tu piel. Permite que el Cabo de Gata sea la reserva natural de tus emociones, déjale que ponga su fina arena bajo tus pies desnudos y que las olas de sus playas exciten tus sentimientos. Almería, salvajemente tierna, saladamente dulce, modernamente antigua, cariñosamente esquiva.

PASEO MARÍTIMO (ALMERÍA)
Mira allí, arriba, en lo más alto del cerro, casi en el cielo, ¿lo ves?, son las murallas, es la fortaleza, es La Alcazaba, la que custodia y vigila la ciudad, la que ordena y manda desde hace casi mil años. La que proyecta su estampa a decenas de kilómetros hacia el mar, provocadora y sólida, avisando desde la atalaya que ahí, a sus pies, bajo sus almenas recortadas y sus verdes jardines, está su protegida, Almería resguardada.

Apriétala, tócala, pálpala, abusa de ella, déjate abrazar por sus playas y sus puertos, sus pueblos y sus vecinos, por los de El Zapillo o El Alquián, los de Aguadulce o Mojácar, los de Garrucha o Retamar, por los de El Ejido o Roquetas, los de Gérgal y Tabernas, por los de Zurgena o Almerimar. Rebósate de dulzura y mánchate de merengue toda la cara y las manos mientras abres tu boca ansiosa por paladear el sabor casero de sus medias lunas y sus glaseados; acaricia tu garganta con los aromas de la canela sobre su leche merengada o refréscate con las cosquillas heladas de sus mantecados y granizadas.

Gracias Níjar, por lo que siempre nos has dado y por lo que aún nos das, mecer profundo en tus costas las cenizas de Papá y Mamá, y las de muchos buenos almerienses más.

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